3.7: El Laberinto

Matorrales

 

La Perdición

Inmediatamente, el ruido que hacían los motores de unos carros hizo que ambos se pusieran muy nerviosos. Y mientras Joel miraba discretamente por la ventana…

Manuel le propinó un fuerte golpe en la cabeza a Joel para desmayarlo. Acto seguido acomodó a Joel en un sitio donde no lo vieran, salió por la puerta trasera para escapar. Desafortunadamente alguien lo vio salir y lo persiguió hasta casi alcanzarlo, pero como la situación no era para dar segundas oportunidades, Manuel no dudó un segundo en dispararle a su oponente con la misma pistola con la que había golpeado a Joel.

Al ruido del disparo, todos los que habían bajado de los automóviles subieron a estos mientras Manuel corría en busca de un lugar para esconderse.

Afortunadamente vivían cerca de un monte por donde era difícil que los automóviles pasaran. Ayudado por la oscuridad, Manuel había logrado escapar.

Mientras tanto, Joel permanecía en el piso y afortunadamente a nadie se le ocurrió revisar dentro de la casa, ni siquiera a los papás de Manuel, ya que estaban en un profundo sueño sin escuchar nada gracias a que su cuarto estaba construido con aislante térmico y sonoro.

En la mañana siguiente:
– Vamos hijo, levántate
– ¿Qué pasa? – preguntó Joel viendo borrosamente el rostro de su tío que parecía extrañado.

– Eso mismo quisiera saber yo – dijo don Enrique, el padre de Manuel entre desconcertado, enojado y asustado al ver el cuarto de su hijo de la misma forma en que había sido abandonado por este.

– No lo se, bueno, no todo… – tocándose la herida que dejó el golpe, Joel trataba de ordenar sus pensamientos. No era del todo fácil recordar lo que había pasado en los últimos minutos de la noche anterior debido al golpe recibido, pero lo que no se le había olvidado era todo lo que le aterrorizó aquella noche y lo que le contó su primo.

– ¿Te encuentras bien? – preguntó don Enrique al ver la herida de Joel.

– Si, si, es solo un golpe… – dijo sin darle importancia y se levantó.
– ¿Pero quien te golpeo? – preguntó asustado su tío mirando alrededor, pensando rápidamente, no pudiéndose explicar lo que había ocurrido.
– No lo se, estaba viendo por la ventana cuando ya no supe de mi hasta ahora. – contestó Joel viendo en su mano un poco de sangre coagulada.
– Y a Manuel, lo ¿viste…? ¿Dónde está? ¿Sabes porqué está así su cuarto? – preguntó don Enrique mientras sacudía a Joel tomándolo de los hombros.

Tomó un largo rato explicarle a don Enrique todo lo que ocurrió desde la primera vez que Manuel invitó a Joel a ir a “El Culto” hasta la noche que acababa de pasar. Los ojos del viejo parecían salírsele al escuchar el testimonio de Joel.

– ¡Estás mintiendo! – resopló el tío.
– ¡De ninguna forma!- contestó airadamente Joel – ¿Porqué habría yo de mentir sobre esto?
– ¡Estás traumado muchacho!, Manuel no puede andar metido en cosas así, siempre ha sido un chico tranquilo, un buen hijo.
– ¡No… estoy… traumado! – Replicó enfurecido Joel – Y recuerde que mientras discutimos, su hijo corre peligro de muerte.

La señora Francisca había bajado desde el principio y había estado escuchando detrás de la puerta entreabierta y desde entonces no había parado de llorar en silencio. Joel mientras tanto revivió sus penas y cayó en una depresión similar a la que sufrió en la anterior tragedia, solo que parecía que esta vez se volverían más agudas a la larga y tendría mayores consecuencias

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