3.6: El Laberinto

Estacionamiento

De pronto se empezaron a escuchar gritos dentro del antro… – iré a ver que pasa – pensó, pero luego se retractó sabiendo que tal vez su vida correría peligro mejor me quedo aquí, no vaya a ser que me atrapen y algo malo me suceda – concluyó.

Minutos después, un gran silencio se dejó sentir, para que después de media hora, la puerta principal se abriera. Salieron unos tipos que eran los guaruras de la entrada e inspeccionaron con la vista que no hubiera nadie por ahí, luego, asintieron con la cabeza mirando hacia el interior de la puerta y segundos después, más hombres salieron cargando unos bultos: Joel se escondió detrás de un carro y veía claramente todo a través de los vidrios ahumados de éste.

– ¡Apúrate, que nadie nos vea! – dijo uno de los hombres que llevaba cargando un bulto.
– ¡Silencio!, si nos ven ni modo, pero no digas nada y haz tu trabajo – resopló uno de los guaruras y antes de seguir echaron una mirada alrededor para asegurarse de que nadie los estuviera observando.

Los bultos tenían forma de seres humanos, así que Joel se puso a temblar del miedo y apretó la mandíbula mientras tragaba su saliva que estaba espesa a causa del miedo. Un fuerte rayo tronó en ese momento y Joel dejo escapar un grito ahogado… afortunadamente, parecían no haberlo oído quienes se encontraban al final del estacionamiento.

En total, habían subido treinta y siete bultos en un camión. Luego sin decir nada se marcharon.

– Mejor me voy, esto se pone cada vez peor – pensó para sí y se alejó del auto con paso lento cuando los guardias se volvieron a meter al antro. Entonces ya sobre la calle a una cuadra del lugar Joel corrió lo más rápido que pudo para alejarse, luego tomó un taxi e hizo que el chofer lo llevara por un camino distinto, pensando que tal vez alguien lo podía estar esperando en algún lugar de su habitual recorrido.

Al llegar a su casa, lo primero que pensó fue ir al cuarto de su primo y averiguar al respecto, pero sabía que comentar algo podría ser peligroso, ya que no sabía que clase de loco podría resultar Manuel.

– ¿De donde vienes? – preguntó don Enrique, el papá de Manuel.
– Salí a dar la vuelta, ¿porqué? – preguntó con cierto temor, pensando que el padre de Manuel tuviera algo que ver en el asunto – ¿pasa algo?
– No, nada, es solo que Manuel ha estado preguntando por ti con cierta insistencia – y muy despreocupado añadió: – ya me voy a dormir, si quieres, ve al cuarto de Manuel para que le preguntes que quería o hazlo mañana – dicho esto, don Enrique se giro sobre sus talones y se marchó a su cuarto que quedaba en el segundo piso.

– Lo que tenga que suceder, que suceda ya – ese fue el pensamiento que hizo a Joel decidirse a “tomar al toro por los cuernos” y enfrentarse a su primo.

Con decisión, Joel se iba acercando poco a poco hasta la habitación de su primo, cuando escucho vociferar algo que no entendía. Concluyó que definitivamente ahí dentro había algo que tenía que ver con todo lo sucedido aquella noche y eso le hacía sentir las piernas temblar. – No más – se dijo a sí mismo y sin tocar abrió la puerta.

Que sorpresa se llevó al ver el cuarto de su primo con cortinas negras por toda la pared y una especie de altar donde tenía un cirio negro a la izquierda y otro blanco a la derecha.

– ¡Cierra esa puerta! – Ordenó Manuel – ¡que la cierres te digo!, no quiero que nadie vea esto.
– ¡Ahora mismo me explicas que está pasando! – Los ojos de Joel denotaban la furia que sentía que le consumía por dentro.
– ¡Cállate!, no quiero armar un escándalo, te explicaré todo esto, pero antes necesito hacerte unas preguntas – y guardando silencio prosiguió: – ¿Dónde has estado toda la noche? – preguntó Manuel mirando fijamente a Joel.
– En “El Culto” – respondió sin poder ocultar su enojo, pero tratando de guardar calma.
– ¿Quieres decir que ya eres uno de los nuestros? – Manuel se mostraba preocupado al hacer la pregunta.
– Mira no entiendo de que me hablas, pero si te diré que en ese lugar pasa algo muy extraño, parecía una secta satánica… el recibidor u oficina o como quieras llamarle, por el cual siempre entramos, estaba convertido en una especie de templo a Satanás, así como este cuarto. Exijo que me des una explicación o llamo a la policía.
– ¿Qué mas viste? – preguntó Manuel frunciendo en ceño y poniéndose de pie dejando ver que era mas alto que Joel.
– A una mujer que al parecer era violada en público.
– Y… – ahora los ojos de Manuel se volvían un tanto agresivos.
– Al ver esto, traté de salir, pero todas las puertas estaban cerradas y además no dejaban pasar a nadie, así que fui a los baños y me salté por la rejilla que da al recibidor y fue ahí donde encontré lo que te digo. Luego fui a sentarme en la banqueta de la casa de al lado y tras unos minutos escuché fuertes gritos y luego un gran silencio, para que después salieran unos hombres que al parecer llevaban envueltos a unos cadáveres. Después de eso, no se que más haya pasado porque me vine lo más rápido que pude para acá.

– Joel, no quiero asustarte, pero estamos metidos en un gran lío… nos pueden matar. – Y dando un suspiro continuó, su rostro había cambiado a una expresión de profunda preocupación – Hace un año, mis padres se iban a divorciar y entré en crisis emocional. Como no tenía amigos en quienes confiar empecé a salir a los antros pagando a los de la entrada para que me dejaran pasar, pero después de un tiempo ya no me dejaban, entonces, tenía que esperar para colarme entre la gente: una vez dentro no te dicen nada.

En cierta ocasión, tocó un grupo de rock y estaban ahí unos muchachos que me llamaron la atención porque se veían más divertidos que el resto. Me dirigí hacia ellos y empecé a sacarles plática y uno me invitó a ir a varias tocadas de grupos similares.
Al cabo de un tiempo, me invitaron a ir a “El Culto”. Jamás en mi vida había escuchado de ese lugar, pero como me empezaba a sentir en ambiente, (sobre todo porque ellos me pagaban todo) decidí ir a ver que pasaba.

Me pasó igual que a ti: entramos por la puerta alterna, que es una especie de clave para distinguir a los invitados de los curiosos. Cualquiera que intente entrar por la puerta principal es intruso, mientras que los que traten de hacerlo por la alterna son invitados o miembros. Algunos miembros tienen la obligación de hacer fila por la puerta principal, rotándose a tiempos para aparentar normalidad. La gente que es rechazada jamás sabe porqué no les dejaron pasar.

El resto de la historia ya la sabes: drogas, alcohol, música, etc., te hacen olvidar tus penas, al menos por un rato.

A los meses hubo un festejo: “El Culto” cumplía un año más y pasó todo lo que hoy presenciaste, por eso mientras la fecha se acercaba mi ánimo fue decayendo: no quería ponerte en peligro pero tampoco hallé la forma de desterrarte de ahí. Ellos vigilan muy bien los pasos de los miembros. Pero ahora te diré que fue lo que no viste:
Cuando saliste, había una mujer que realmente era violada, es parte del ritual, después de la violación, ellos deben apuñalarla en el abdomen diez veces, esto simboliza la negación de los diez mandamientos de Dios.

La mujer es acostada en una mesa que simula el altar del demonio. Se trata de una loza de piedra que se pone sobre dos columnas: una blanca y una negra. La loza de piedra tiene gravadas algunas inscripciones y oraciones al demonio y la superficie de la loza tiene un desnivel que termina en el centro; a partir de ahí hay un pequeño tubo que se dirige hasta donde está una copa y antes de acabar con ella, se le da un pinchazo en el ojo derecho, ofreciendo esta acción como sacrificio para que la mente de los presentes quede cegada. La sangre que escurra del cuerpo de la mujer quedara concentrada en la copa que está en el piso debajo de la loza. Enseguida el anfitrión la beberá en parte y luego la pasará a otros miembros.

Por último, la mujer es quemada viva. Aquellos que traten de escapar o que se revelen ante los actos que se presencian son asesinados, por no ser aptos para ser la hermandad. Quienes queden atónitos o al menos, no se opongan, los dejan vivir y los invitan a ser miembros de la secta. Si se niegan a ser miembros son asesinados también, pero si acceden deben comprometerse a traer un invitado por año al menos.
A mi se me estaba acabando el tiempo y no había llevado a nadie, por eso te elegí a ti pensando en que serías de los que quedarían paralizados ya que anteriormente te habías quedado así en el asesinato de tu amiga.
Jamás pensé que fueras a escapar…

– Entonces, los cuerpos que sacaron eran de aquellos que se habían revelado, ¿verdad?
– Así es – afirmó Manuel con tristeza dirigiendo su mirada al piso.
– Y tu fuiste de aquellos que se quedaron inmóviles…
– Desgraciadamente si. Preferiría haber muerto. – En ese momento, Manuel empezó a llorar amargamente. – Desde entonces, – continuó – me he visto obligado a seguir ahí con ellos; a tener relaciones sexuales con hombres y mujeres durante las reuniones especiales, a realizar sacrificios con animales y a seguir tratando de llevar más candidatos para la secta. Algunos me han dicho en varias ocasiones que quizá yo no sirva a la hermandad porque no me ven decidido y desde entonces he temido por mi vida.

– ¿Como eliges a la gente? – preguntó Joel que en ese momento ya no sentía furia sino compasión por su primo.
– Los satánicos buscan a los miserables, a aquellos que se sienten solos, a los que desean poder, dinero o placer; a los que presumen de no necesitar a Dios, que piensan que no existe ni el cielo, ni el infierno: ellos son candidatos perfectos porque están cegados, ensimismados de alguna u otra forma.
– Por lo que veo, no estás a gusto con ellos, ¿verdad?
– No, pero nada puedo hacer.
– ¿Qué pasa si te sales?
– Me matarían a mí o a un ser querido. Pero sabes, – prosiguió dibujando una sonrisa en su rostro – ahora soy libre, porque me buscarán para saber de ti, y sabrán que has escapado, por lo cual no eres candidato y deben matarte. Me pedirán a mí que lo haga y como me rehusaré, será a mí a quien matarán y tú quedarás libre. Pero que importa si me matan: es la única forma de acabar con esto.

– ¡Tenemos que denunciarlos! – dijo Joel como insinuando ir en ese mismo momento a la delegación.
– No Joel, de nada sirve, ellos lograrán lo que se propongan: tienen contactos importantes por todos lados. Algunos de sus miembros son de la policía, el gobierno y empresarios importantes, sobre todo de la industria de la música por medio de la cual transmiten mensajes a favor de la inmoralidad, los antivalores y la destrucción de la familia.

– ¿Qué podemos hacer entonces? – preguntó Joel con desesperación al ver a Manuel tan tranquilo sabiendo que iba a morir.
– Pasar al otro bando… – contestó sonriendo.
– No te entiendo, ¿que quieres decir?
– Separarnos de esto y buscar a Dios.
– ¡Eso no nos salvaría a ti y a mí Manuel, piensa por favor!
– No Joel, no hay nada más que hacer, yo tendré que pagar para salvarte a ti, pero antes quiero pasarme al otro lado, reconciliarme con aquel que me dio la vida.

– ¡Eso si que no, no puedo permitir eso: moriremos juntos si es necesario pero no nos quedaremos con los brazos cruzados!… – ¡calla! gritó Manuel interrumpiendo con decisión.
– Tú todavía puedes hacer algo por ti: tendrás la oportunidad de pasar al otro lado sin ser asesinado, en cambio yo no lo se, mis días están contados, quizá esta sea mi última noche vivo.

– No Manuel…  – dijo Joel quien fue interrumpido de nuevo
– He dicho que calles, no quiero hablar más, vete de aquí y haz lo que te digo que yo me pasaré al otro lado antes de que me maten.

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