3.5: El Laberinto

Oficina Satanica

– Damas y Caballeros, bienvenidos a “El Culto” que en este día cumple un año más de estar a sus servicios – anunció un hombre con aspecto misterioso, de piel blanca y cabello negro largo y rizado. Vestía todo de negro y lo más curioso de su vestimenta era su pantalón que por atrás parecía que tuviera atada una capa que empezaba en la cintura y terminaba a la altura de los tobillos. Sin embargo, se veía bastante elegante. Los aplausos no se hicieron esperar después del anuncio – en este año – continuó el anfitrión mientras la mayoría de las luces se apagaban y quedaba iluminado aquel lugar con solo tenues luces azules que recreaban un ambiente misterioso- hemos dado acogida a todos aquellos hermanos que se sentían solos.

– Hoy podemos decir que formamos una familia ¿no es cierto? – y la gente respondía con fuerza dando un sí y celebrando con sus manos en alto (algunas con bebidas o cigarros) mientras algo de humo blanco era despedido por todos lados creando una especie de niebla que remarcaba el misterio – pero somos una familia especial: -prosiguió- la gente que hace vivir a “El culto” es gente selecta: la miseria de la sociedad, gente que en un tiempo creyó que su vida no valía nada, pero que ahora sabe que la vida es para disfrutarse ¡y es por eso que bebemos, nos drogamos y bailamos!- dijo el anfitrión dejando ver una amplia sonrisa y sacando una leve carcajada- y un fuerte rugido de las gargantas de los presentes se hizo escuchar.

– Pero hermanos, aún nos falta algo por vivir, algo que ciertamente vivimos día con día pero no como hoy lo viviremos: descubriremos esta misma noche, sin temor, nuestro lado oscuro y gozaremos nuestro cuerpo como nunca… es por eso que hoy “El Culto” deja libre de costo toda droga y alcohol consumible que encuentren dentro de este inmueble. Es todo suyo señores – para ese momento la gente estaba vuelta loca y a Joel le parecía estupenda la idea pero algo le decía que tal gozo no sería gratis.

La gente empezó a beber y a drogarse y no faltaron quienes tuvieran sobre dosis: uno de los participantes calló por las escaleras rompiéndose el cuello, pero a nadie parecía importarle, pues solo hicieron a un lado el cadáver, lo sentaron en una silla y algunas mujeres empezaron a desvestirlo y bailaban para él.

Aquello realmente parecía convertirse en un lugar sin ley. Joel empezaba a preocuparse. Ese día había mas luces de lo normal según se dio cuenta después que el anfitrión terminó de hablar cuando se encendieron todas las luces; luego se apagaron y la música que transcurrió en ese momento era distinta a la de otras noches y por ratos se paraba para dar paso a un sonido cavernoso de voces cuyo mensaje no se entendía en absoluto. Algunos tubos fueron arrojados al suelo por gente del staff y un gas verdoso salió de los mismos. Varias personas cayeron al suelo en algunos minutos pero otros gozaban más con dichos gases.

Algunos hombres empezaban a excitarse tanto que incluso, a falta de mujeres, no dudaban en manosease unos con otros. Todo esto gracias a la droga y a la música que predisponía a los presentes. Joel ya estaba sentado en un rincón. Había tomado alcohol y algo de drogas pero no lo suficiente como para perder la razón o no darse cuenta de las cosas extrañas que pasaban.

Otra cosa que aún drogado alcanzaba a percibir Joel, era que los vigilantes no dejaban salir a nadie y cuando un pleito se suscitaba dentro de aquel lugar, ninguno de ellos intervenía, solo se limitaban a sonreír como si todo lo que sucediera fuera parte del plan.

Las sospechas de Joel se vieron interrumpidas cuando hubo otro cambio más de música y numerosas mujeres vestidas de forma provocativa empezaron a salir por todos lados y no paraban de acariciar a cuanto hombre o mujer se les pusiera en frente.

En eso, un hombre con capucha negra, junto a dos vigilantes traían a una mujer aparentemente a la fuerza y justo delante del público empezaron a desvestirla hasta dejarla en paños menores y la colocaron sobre una mesa pronunciando estas palabras:

– Nadar en la miseria, sumergirse en la amargura, conocer la desolación, dar un salto al vacío de tu propia mente y abrazar la oscuridad. Es el caos, quien te lanza hacia la verdad, es la oscuridad quien te enseña la luz. Disfrutad de vuestro paseo por el infierno antes de despertar.

Cuando Joel escuchó aquellas palabras, no pudo evitar que la piel se le erizara y a como pudo salió de su rincón pasando por en medio de la gente hasta llegar a la entrada alterna por la que siempre llegaba, solo que esta se encontraba cerrada.

Mientras tanto, la música hacía que los demás vibraran de emoción y disfrutaban al ver cómo aquella muchacha que al parecer trajeron a la fuerza era violada.

Por supuesto que Joel no pudo evitar recordar su pasado así que fue rápidamente a los baños que eran en ese momento las únicas puertas que permanecían abiertas. Curiosamente no había nadie en el interior. Afuera la gente estaba más enloquecida y se escuchaban estruendos como de rayos emitidos por el sonido.

Joel abrió todas las puertas de los baños y justo en el medio encontró una rejilla que en una ocasión había visto. Esta era de aluminio y estaba fijada en la pared con silicón. Subió al retrete y jaló la rejilla con fuerza hasta que la logró desprender. Saltó por el hueco que había dejado libre el paso, apenas suficientemente grande para que Joel pudiera adentrarse en el y cayó del otro lado golpeándose el hombro. Este hueco por el que había saltado comunicaba con la especie de oficina que estaba en la entrada alterna.

Estando allí, las cosas no dejaban de sorprenderle: la oficina había cambiado totalmente en unas cuantas horas. Ahora había cortinas negras por toda la pared y colgaban algunos cuadros con fotografías de entes diabólicos y había cirios negros sobre una especie de altar del lado izquierdo y sólo un cirio blanco al lado derecho.

No pudo evitar acercarse más para ver la fotografía que estaba sobre el altar que a diferencia de las otras, no era la de un demonio, sino la de una persona. Junto a ella había una hoja que decía:

– Tu que el mal levantas y aborreces al bueno, haz que nuestro líder sea liberado. ¡Para ti solo es esta fiesta de pecado, gózate al ver la miseria del ser humano!

Y para sorpresa de Joel, quien se encontraba en esa foto era Raúl, aquel que había matado de forma tan cruel a Marcela…

No dudó más, e inmediatamente buscó la puerta de salida. Con mucho cuidado giró la manija lentamente y entreabrió la puerta, echó un ojo y al ver que estaba despejado la abrió un poco más asomando la cabeza para inspeccionar todo bien.

Cuando vio que definitivamente no había nadie fuera salió de aquel lugar mientras la luz de un relámpago iluminaba la oscuridad; una fuerte tormenta caía sobre la extraña y solitaria noche. Aún desde fuera podía escucharse el desenfreno.

Desconcertado y sin dejar de sentir un poco el efecto de lo que se había tomado, Joel se encaminó a paso apresurado por el estacionamiento que era medianamente amplio, sentó en la banqueta de una casa que se encontraba enseguida del lugar y varios metros adelante, donde estaba la entrada del estacionamiento. No sabía porqué pero no deseaba retirarse de aquel lugar.

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