2.8: El Desastre

Lugar Alejado

 La Tragedia

– Tomen esto – los amigos de Isaac regresaron donde Joel y Nadia y trataban de ser amables con ellos ofreciendo bebidas que corrían por su cuenta. Julián y Martín ya se habían acoplado con ellos y estaban divirtiéndose con algunas amigas y Marcela.
– Gracias – sin más, Joel aceptó las bebidas que los nuevos amigos les habían ofrecido aunque Nadia no tomo de ninguna de ellas porque ya tenía la suya.

Después de un momento, Joel empezó a sentirse algo aturdido pero era algo placentero. Nadia, al principio no notaba la actitud extraña de su bailarín, pero al tiempo se percató de ello y le resultó bastante raro ya que como era un baile de la escuela los maestros no habían permitido las bebidas alcohólicas.

– Vamos a sentarnos – dijo Nadia preocupada por Joel
– ¿Porqué quieres sentarte? Yo me estoy muy a gusto, ¿tu no?- a Joel se le veía la mirada un poco perdida.
– Si pero…
– Pero nada, ven, sigue bailando – interrumpió Joel.
– Estas muy raro, mejor vamos a sentarnos – Joel cada vez se ponía mas eufórico y se empezó a volver agresivo.
– ¿Raro? Te diré quien sí es rara: ¡tú eres la rara, porque siendo siempre tímida ahora me sales como una conquistadora, y como ya te cansaste de fingir ahora quieres que vaya a arrinconarme junto contigo! ¿no?
– ¿Joel, que estas diciendo? – Nadia sabía que definitivamente algo le habían echado en la bebida a Joel porque el nunca se había portado así con nadie.
– Sólo digo lo que pienso… y si no puedes ser como yo soy, nos vemos… – dijo determinadamente Joel y acto seguido dio media vuelta y se fue bailando hasta donde estaban unas chicas de tercer semestre.

Sin saber que hacer, Nadia fue a sentarse a su lugar preocupada todavía por Joel. Después de verlo bailar con otras chicas mas reventadas, ya no lo volvió a ver en toda la noche.

Por otro lado, Julián y Martín fueron sacados del lugar por escandalosos y Marcela se había ido sin despedirse, con los amigos de Isaac. Este último había salido tras de ellos con cara de preocupación.

En un lugar solitario se detuvo el automóvil en el que iban Marcela, Joel (al que habían encontrado y subido en el camino), Isaac y sus dos amigos. Drogada, quizá con el mismo tipo de bebida que Joel, pero todavía consciente, Marcela pregunto:

– ¿Que hacemos aquí?
– Venimos a ser parte de un gran espectáculo – contestó Raúl sarcásticamente, mientras Alejandro sonreía y entrecerraba los ojos.

Isaac, cada vez se veía más nervioso y eso a Marcela le empezó a preocupar. Joel estaba dormido, sedado por las drogas que ingeniosamente le habían hecho consumir Raúl y Alejandro.

– Bueno, díganme ya cual es el espectáculo que venimos a ver… – Marcela ya estaba asustada por tanto misterio, pero más se asustaba al ver a Isaac muy pálido.

– Eh esto no puede ser – por fin dijo Isaac tartamudeando
– Mira cabrón, nosotros no jugamos, tú nos dijiste que nos pagarías con una amiga y eso es lo que se hará, ¿ok? – Isaac solo enmudeció negando con la cabeza como no queriendo aceptar lo que estaba sucediendo en esos momentos.

– Baja nuestras cosas del carro – dijo uno de los “amigos de Isaac”.

Mientras Isaac hacía lo que le habían pedido, Raúl y Alejandro habían bajado a la fuerza a Marcela. Entre las cosas que encontró Isaac, había unos guantes y otros objetos que no reconocía a la perfección porque también estaba ligeramente drogado. Al parecer, sus amigos habían logrado darles a todos un poco de estupefacientes.

En un momento de distracción, Marcela había tratado de huir, pero Raúl la alcanzó y la tenía inmovilizada en el suelo – ¿que me van a hacer? – preguntaba Marcela gritando, esperando que alguien la oyera. Alejandro se acercó y con una jeringa, extrajo de una ampolleta un líquido amarillento del cual inyectó solo una parte a Marcela que se había agitado tratando de evitar en vano la aguja de la jeringa.

Al cabo de unos segundos, Marcela ya no opuso resistencia. Parecía consciente, pero incapaz de defenderse. Se podía ver en su rostro la angustia y desesperación, mientras Raúl y Alejandro la desvestían y la insultaban.

Isaac miraba a distancia y había permanecido sin hacer nada. Por ratos  negaba con la cabeza y se metía las manos a la bolsa, miraba al suelo y luego al camino, esperando tal vez que pasara alguien, pero cuando vio la violencia con la que Marcela era violada, no se pudo contener más y se retiro corriendo, tal vez para buscar ayuda, o simplemente para huir de su realidad.

– ¡Hey, Alejandro, Isaac se esta escapando!
– Déjalo, ya no lo necesitamos. Además si trata de pedir ayuda no la encontrará: por aquí no pasa nadie.

Contemplando cómo a Isaac se lo tragaba la oscuridad, Raúl y
Alejandro volvieron la vista hacia su víctima. Joel seguía al parecer dormido.

Durante más de una hora, Marcela recibió toda clase de abusos: había sido muy lastimada. Raúl y Alejandro la habían violado como unas bestias y ella seguía sin poder mover un dedo.

Cuando Marcela empezaba a recuperar un poco de movimiento, Joel despertaba de su sueño. No había visto nada, pero lo que vería sería suficiente para marcarlo de por vida.

Abrió los ojos y dio un salto dentro del automóvil. Después recordó que estaba ahí porque Raúl y Alejandro lo habían encontrado en el camino junto con Marcela e Isaac. – ¿Dónde estarán todos? – Se preguntó. Al levantarse de su asiento vio todo muy oscuro. La cabeza aún le daba vueltas y la visión era un poco borrosa.

Cuando volteó a la derecha vio a Marcela tirada en el piso y escuchaba sus gritos, la veía hacer movimientos lentos y torpes tratando de defenderse de los dos violadores. A Joel se le vino la sangre a los talones y sintió un fuerte escalofrío. Trató de salir del carro pero de alguna manera todas las puertas habían sido trabadas. Buscó desesperadamente abrirlas desde el asiento del conductor pero no se podía. Golpeo una y otra vez el cristal dando fuertes golpes con sus pies y puños, quedando estos últimos muy adoloridos sin lograr romper el vidrio. No había nada más que pudiera usar para romper las ventanas…

– Trae la gasolina – dijo Raúl a Alejandro mirando como un demente a Marcela que se arrastraba por el suelo tratando de escapar.
En apenas unos segundos, Alejandro llegó donde Marcela y empezó a rosearla con el combustible. Joel golpeaba el vidrio tratando de romperlo y gritaba, pero era inútil, sus fuerzas no regresaban aún por completo y era como un niño tratando de salir.

– Bien Marcela, creo que ha llegado tu hora. Pero antes de incendiarte quiero decirte que has sido una de las mejores aventuras que hemos pasado. – Raúl realmente había enloquecido y parecía excitado ante la escena, y acercándose con un cuchillo, picó a Marcela en un costado y luego en otro hasta que después de 10 puñaladas, terminó pinchándole uno de los ojos para hacerla sufrir más. En ese momento a Joel sentía que la sangre se le agolpaba en la cabeza y se sintió de nueva cuenta muy mareado y la visión se le nublaba mientras la piel se le erizaba.

Alejandro, por último, se acercó y con un encendedor prendió fuego a Marcela que herida y drogada aún se retorcía entre las llamas. Joel quedó paralizado, como fuera de sí y tambaleándose cayó al suelo.

– Trae a Joel – Raúl había armado un plan para cometer el crimen perfecto.

Debido al estado de Joel, para Alejandro no fue difícil traerlo hasta el lugar de la tragedia donde dándole inyectando el resto del líquido de la ampolleta logró mantenerlo inconsciente. Después puso su cuerpo junto a lo que quedaba de Marcela.

Sin más, aquellos dos sádicos se pusieron de pie contemplando el trabajo hecho, dieron media vuelta y se echaron los brazos al hombro caminando como dos amigos que acababa de terminar un partido de béisbol. Subieron al auto, dieron marcha al coche y se alejaron en el camino… nadie más había presenciado aquella escena; solo la luna y algunos arbustos eran testigos. El viento entre tanto empezó a soplar levantando pequeños remolinos de tierra que cubrían a Joel y Marcela.

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