3.1: El Laberinto

Confusion

 

La confusión.

La puerta de la casa se abrió dejando ver la silueta de un muchacho que estaba con la mirada fija en el suelo envuelto en el velo de la noche. Era Joel que como pudo, logró llegar a un lugar donde tomó un taxi para ir a casa. El dinero que traía apenas y le alcanzó para pagarlo.

Sin decir una palabra, subió a su cuarto mientras en su cabeza, las imágenes aterradoras se presentaban una a una. Esa madrugada, jamás la olvidaría. No tenía cabeza ni siquiera para llamar a la policía y contar lo sucedido.

A la mañana siguiente, Joel no quiso levantarse a desayunar. Su madre no le exigió bajar, debido a que pensaba que estaría descansando del desvelo.

Como a eso de la una de la tarde sonó el teléfono que había de contestar su madre…

– ¿Qué? – los ojos de Martha se abrieron tanto que parecía imposible que pudiera abrirlos tanto.
– No puede ser, cómo ¿es posible?, ¡que horror!
– Está bien, yo le digo a Joel – concluyó.

Todavía con el rostro trastornado por la noticia, subió hasta la habitación de Joel y toco la puerta levemente.

– Joel, ¿estas despierto, hijo?
– Si… – el corazón de Joel empezó a latir fuertemente.
– ¿Podemos hablar un momento?
– Ya voy… – se preguntaba si acaso sería que había venido la policía a interrogarlo o algo así. Lo peor de todo era que por el amable tono con que su madre le hablaba esta mañana, Joel sabía que nada bueno sucedía. Esta vez no será fácil actuar – pensó para sí.

Una vez que salió de su cuarto con el pelo aún revuelto, su mamá le invitó a platicar en la sala, así que bajaron los dos juntos y cuando se sentaron, Joel pregunto:

– ¿Qué es lo que deseas decirme? – Martha tardó unos segundos para contestar, pero lo que Joel sintió que era una eternidad. – ¡Que ya pase todo esto Dios, que ya pase! – pensaba. Había tenido la esperanza de que al despertar descubriera que todo había sido un sueño. Nada se comparaba a lo que estaba viviendo. El pensaba que su vida hasta antes de la fiesta había sido difícil, pero ahora definitivamente esto era peor. Nunca imaginó estar envuelto en algo que tuviera que ver con delitos, mucho menos con un asesinato. ¿Le echarían a la cárcel cuando tuviera que declarar?

– Mira Joel, se que no será fácil ni para ti ni para mi hablar de esto, pero hace unos minutos sonó el teléfono y me dijeron que Marcela, tu amiga de la escuela ha sido asesinada brutalmente…

Joel bajó la cabeza y nuevamente las imágenes empezaron a correrle por la mente.

– ¿Qué le han hecho? – preguntó Joel para no quedarse callado
– ¿De veras quieres saberlo?
– Si, de todas formas me enteraré. – permanecía aún con la cabeza mirando hacia abajo y se llevo las manos a las mejillas para sostenerse.
– Está bien… ella sufrió mucho: hasta ahora se sabe poco, pues apenas la acaban de encontrar y le están haciendo una autopsia. Lo único que puedo decirte es que probablemente fue abusada sexualmente ya que el cadáver no tenía ropa; también la apuñalearon en el abdomen y en el ojo derecho, pero eso no es todo: también fue quemada, pero hasta ahora no se sabe si había muerto cuando la quemaron.

En ese momento, Joel no pudo más contener la presión y se soltó a llorar mientras su madre trataba de abrazarlo, pero fue rechazada con violencia.

Acto seguido, Joel se levantó de su asiento y corrió a su cuarto donde descargó toda la emoción que había reprimido desde que presenció las desgarradoras escenas. Era cierto, no había sido un sueño, realmente había ocurrido.

En todo ese día, Joel no salió de su cuarto.

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