2.4: El Desastre

sexualidad

Realidad Sexual

Ya en la noche, después de una tarde totalmente tranquila, estando en su cuarto sin tener nada que hacer, jugando con una pelotita de hule espuma, a Joel se le vino de repente la imagen de Nadia mientras tiraba la pelota a un rincón y se recostaba en su cama mirando al techo. Nadia era la muchacha tímida de la escuela que había mandado a Marcela para preguntarle a Joel si iba a ir a la dichosa fiesta. Pensaba que era un partido perfecto, pero era tan buena que sentía que un muchacho como él no merecía andar con una chica así.

La razón para que Joel pensara eso era que desde la secundaria había tenido una vida desordenada, producto de la constante depresión que tendía a apagar masturbándose. Claro, no era nada fuera de lo común, pues la gran mayoría de los chicos a esa edad lo hacen, pero Joel se sentía especialmente ligado a ella. La fallida educación sexual que le habían dado entre sus padres y la escuela, permitieron que el consumo de pornografía (a escondidas) y el abuso de la masturbación se encontraran en su vida poniéndolo en grave peligro de cometer una barbaridad. Tanta obsesión en su mente había hecho que deseara pasar de lo teórico a lo práctico, y para entonces sus fantasías sexuales habían rebasado los límites de lo que se considera por algunos como “aceptable”.

– ¿Y que es lo normal? – preguntaban unos homosexuales en un “talk show” (programas de TV donde hay un grupo de panelistas, un conductor y un publico que participa con preguntas y comentarios)
– Lo normal es que la gente conozca su cuerpo, que se libere de todos esos tabúes que aún existen en la sociedad, concebidos por la religión principalmente. – con gran desprecio comentaba un panelista liberal.
Por otro lado, un psicólogo afirmaba que había que respetar la preferencia sexual de cada quién así como las ideologías de las personas, independientemente de si estábamos de acuerdo o no.
– Lo normal es que un hombre y una mujer tengan relaciones sexuales y no individuos del mismo sexo. Y aunque haya que respetar a quienes piensan diferente, “no hay motivo para hacer que lo anormal se vea como normal”. – este último era un sacerdote católico.

Con solo ver un sacerdote en TV, para Joel fue suficiente y cambió de canal: no soportaba las ideas de la iglesia porque simplemente no estaba convencido de que predicaran con la verdad – si Dios nos ama – se preguntaba, entonces porque vivimos un infierno. Siguió cambiando de canal hasta llegar a una película donde había una escena de sexo. – ¡Wow! – exclamaba, mientras disfrutaba y se excitaba con aquellas imágenes.

Últimamente, para Joel resultaba difícil autosatisfacerse masturbándose. La adicción a esta había acabado con su sensibilidad poco a poco. Tuvo que pasar de la pornografía leve (revistas de desnudos, sensualidad, etc..) a la pornografía fuerte (imágenes de actos sexuales y algunas aberraciones como la zoofilia, pedofilia, necrofilia, etc. Todo esto llegaba con facilidad a Joel por medio del Internet) y aún esta última ya no le era del todo satisfactoria así que algo tenía que hacer.

Fue entonces cuando una maligna idea pasó por su cabeza… – Si, todo el mundo tiene aventuras, no pasará nada – pensó.

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