2.3: El Desastre

Casa Joel

 

Sorpresa en Casa

– Mamá, ya llegué – dijo Joel al llegar al porche de su casa con la frente sudada y los lentes empañados, después de haber salido corriendo al  bajar del camión con el objetivo de llegar lo mas pronto posible a casa para ver un programa especial que pasarían en la televisión.
– Que bueno, te estábamos esperando para aclarar unas cosas – dijo muy molesta su madre y continuó hablando, mientras a Joel se le agrandaron los ojos al ver ahí a Felipe y su madre.
– Supongo que ya sabrás porqué hemos venido, muchachito – interrumpió la mamá de Felipe se encontraba enrojecida del coraje, sus labios estaban apretujados y trataba de hablar lo mas serena posible aunque la furia era notoria y respiraba hondo con su mirada dura puesta sobre Joel.

Para tratar de confundir a sus acusadores, Joel trató de aparentar que estaba sorprendido por la visita (eso le daría algunos segundos para preparar su defensa contra lo que viniera) y dejando la mochila a un lado de la puerta de la entrada caminó hacia la sala que no era muy grande, donde se sacudió el cabello que caía en su frente e intentó saludar a las visitas  mientras decía:

– La verdad es que no lo se señora, pero dígame en que puedo servirle – apuntó Joel frunciendo el ceño y rascándose la cabeza con el dedo índice de su mano derecha. Apenas pudo asomar una sonrisa pues realmente estaba sorprendido.
– Mas vale que digas la verdad Joel o así te va a ir– replicó la mamá de éste para presionarlo y lograr que la discusión terminara lo antes posible revelando la culpabilidad de su hijo que ella tenía a darlo por seguro.

Pero aparentemente ya eran pocas las cosas que podían presionar a Joel a estas alturas en que ya había soportado la gigantesca presión que su madre había ejercido durante años sobre él. Así que sin dar marcha atrás se siguió haciendo el inocente aunque por dentro estaba efectivamente, un poco nervioso, pues no era algo que tuviera planeado afrontar, y hasta ese momento todavía no sabía bien cómo se habría de librar del apuro en el que se encontraba; hasta las manos le empezaban a sudar un poco.

– Pues ya que parece que se te borró la memoria, yo te lo voy a recordar, – dijo en tono despectivo, y enseguida volvió la vista hacia la mamá de Joel – … y delante de tu madre para que sepa la clase de hijo que tiene – lanzó entonces una mirada fría a Joel y continuó… – No piense que es algo personal – dijo dirigiéndose a la madre de Joel aunque no pudo ocultar que su gesto era hipócrita, porque ¡vaya que si era personal! – yo sé que nosotras las madres siempre hacemos lo mejor para que nuestros hijos sean educados…

Para ese momento Joel ya estaba molesto. No estaba dispuesto a dejarse vencer por la mamá del tonto de la clase; no, él se las arreglaría para salir de ésta, pues era muy bueno para pensar rápido y decir tantas mentiras como fueran necesarias. Fue entonces cuando interrumpió sin saber aun muy bien que diría, pero estaba convencido de que lo haría bien:

– A ver señora, ya tengo rato esperando a que me diga lo que tiene que decirme; así que por favor sea breve y concisa que tengo muchas cosas que hacer y lo único que está logrando es hacerme pasar un mal rato – Joel parecía haber tomado nuevas fuerzas y devolvió la misma mirada fría a la madre de Felipe, y a éste último le lanzo con otra mirada pero de amenaza, luego se metió la mano derecha a la bolsa delantera del pantalón y se puso en una posición como quien espera una explicación.

– Está bien, te lo diré – refunfuñó la madre de Felipe – Esta mañana, mi hijo llegó de la escuela con la camisa rota. Le pregunté que le había pasado y me dijo que había sido víctima de una broma. No me vas a negar que estuvieras enterado de esto, verdad. – un tono de sarcasmo salió de la voz aguda de la mamá de Felipe – Y cuando le pregunté quien le había hecho esta broma tan pesada no me quiso responder. Sabrá Dios que otras cosas le harán que hasta miedo le da a mi niño decirme la verdad.

En eso Joel interrumpió: ya tenía una buena idea rescatada al vuelo – ¡Niño!, por Dios, ya es un joven. Y disculpe que la interrumpa pero tengo que decirle algo independientemente de que sigamos discutiendo sobre quien fue el responsable.

Tomando un poco de aire, Joel prosiguió con su discurso:

– Felipe, su hijo, hasta estos días ha sido una excelente persona: tiene buenas notas, no hace daño a nadie, incluso, se podría decir que su nobleza es admirable. (Vaya seriedad con la que Joel acababa de decir esto, pues hasta él pensó para sí que su actuación estaba siendo excelente) Sin embargo, tiene un gran problema: – prosiguió frunciendo el ceño y haciendo cara analista – está sobreprotegido por su madre. – la firmeza de las palabras, hicieron que la madre de Felipe callara sus murmullos –… ¿cree que todos le hacen bromas nomás porque sí? Por supuesto que no. – Dijo con firmeza – Le hacen bromas porque saben que es incapaz de defenderse por sí mismo, porque usted seguramente siempre es la que sale para hacerlo y eso ha hecho que su hijo pierda la capacidad de hacer frente a sus problemas. – ya la señora junto con la mamá de Joel y Felipe estaban pensativos, como comprendiendo y aceptando la teoría que se exponía –…siempre tienen que ser los maestros o alguien ajeno a él quien lo defienda. ¿Cree acaso que los demás no somos bromeados? Por supuesto que sí. Pero entonces ¿cuál es la diferencia entre Felipe y el resto del salón? ¿Por qué generalmente él es la víctima? ¡Porque es el más débil!

– Yo la invito a que deje de hacer lo que él debe aprender, y no sólo eso, sino que también me ofrezco a ayudar a su hijo en este “arte de la defensa personal” – esto último lo dijo con tono gracioso para destensar a su público que se había comido el discurso completo y sin rebatirle.

Joel de nuevo hacía uso de su maravillosa habilidad para inventar discursos en segundos y enseguida se libró de toda culpa:

– Por último, quiero decir que si alguien por ahí le dijo a Felipe que yo había sido quien le jugó la broma, contradigo esa afirmación y le aseguro que no fui. – Haciendo una breve pausa, prosiguió – Y si no me creen traigan a quien me ha acusado o díganme quien es para yo hablar con él o ella. No es justo que me levanten falsos testimonios. Yo estimo a Felipe, como ha podido comprobar, así que ¿cómo sería capaz de hacerle algo como lo de ésta mañana? – Habría que ver la cara de los que le escuchaban, casi, casi le pedían perdón a Joel con la mirada.

– Bueno, creo que si tienes razón en lo que dices – susurró con pena la mamá de Felipe – creo que he hecho mal, mucho mal, en mi intento de brindarle protección. ¿Podrías tú ayudarle a defenderse?
– ¡Claro, cuente conmigo! – respondió Joel sintiéndose grande, todo un genio del arte de la actuación.

– Entonces Joel, acepta por favor mis disculpas… y usted también señora Martha – ese era el nombre de la madre de Joel. Ambos aceptaron la disculpa.

Lo que sucedió después, fue que se pidieron disculpas de nueva cuenta, porque realmente la mamá de Felipe se sentía como cucaracha en esos momentos; luego las visitas se fueron. Sin embargo, pronto sucedería algo de lo que Joel no podría escapar tan fácilmente.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s